El uso de plantas con fin terapéutico es una práctica tan antigua como el ser humano. Hoy en día hay cada vez más estudios que demuestran su efectividad pero sigue siendo difícil cuantificar y medir de manera exacta, pero lo que si que está claro, es que los efectos son positivos y en muchas ocasiones evitan tomar medicines químicas y con ella sus efectos secundarios.
La aplicación externa ya sea en forma de baño, cataplasma o envoltura lo que hace es ayudar al cuerpo a recordarle y estimular sus fuerzas curativas. Pero de nada servirá hacer esto sin la confianza y la intención. Para ello es muy importante respetar las tres fases de la aplicación para que el proceso sea consciente:
La primera fase sería cuando estamos preparando esta aplicación. Escogemos la sustancia que nos va acompañar, cuál es la intención, donde y como lo preparo,etc
La segunda fase sería cuando nos la aplicamos en el cuerpo. Como lo percibimos, que atención estoy teniendo, el entorno, ambiente, etc.
La tercera fase sería cuando nos la sacamos del cuerpo. Entraríamos en la fase de descanso. Esta fase es muy importante ya que es una fase de integrar todo el tratamiento. Sería como el shavasana en yoga, para integrar la práctica es necesario un buen relax.